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Retrato de Rodrigo García

Rodrigo García

Rodrigo García no sólo es "el autor de textos que estallan como bombas"; es también videoasta, performer y director de escena.

Bio

Creador atípico, conjuga en sus espectáculos elementos del pasado y de la cultura popular de hoy en día. Junto con su compañía La Carnicería Teatro, elabora un lenguaje teatral sorprendente donde los cuerpos en movimiento dibujan los nuevos rituales de lo cotidiano. Pero la gran fuerza de García está en ser un hombre de a pie y de hacer circular con pasión las ideas y las emociones que agitan a la nueva generación. Esta última no se ha equivocado al apreciar sus espectáculos corrosivos e inteligentes.

"Tengo cuarenta y cuatro años y empecé a los veintiuno a hacer teatro, por lo que llevo veintitrés años trabajando para la escena. Sin embargo, es oportuno señalar que no me he dedicado al teatro para ser un profesional, intenté siempre marcar una diferencia entre lo que es el sentimiento de sentirse un artista y no un profesional. No me interesa montar mañana Hamlet, una ópera, sino que trabajo por una necesidad expresiva, para ir encontrando mi propia caligrafía, mi propio lenguaje, y así ha pasado el tiempo y he transitado por numerosas etapas".

Desde hace unos años, sabe enfrentar el éxito y las sirenas de la fama mercantil. Irreductible a la moda que lo rodea y lo alaba para mejor denigrarlo después de que pasó la ola, supo frenar la espiral de una producción exponencial y privilegiar la artesanía de un proceso de creación ahondando siempre más profundo.

Rodrigo García vuelve a los orígenes del rito teatral, activando todos los sentidos del espectador, en el transcurso de una experiencia a la vez íntima y pública. Este teatro espera, en todos los sentidos de la palabra, una reacción: sensual e intelectual, intempestiva, dubitativa.

En sus fábulas, muestra cómo la publicidad ha infiltrado todos los lugares de nuestra existencia, sustituyéndose a la política, gobernando detrás de su máscara. Arma y desarma todo lo que creemos conocer pero que sin embargo no queremos ver: nuestra implicación personal creciente en ese sistema. Por eso se le pega la etiqueta de “provocador”. ¿Pero no sería tal sentimiento de provocación el signo de que su trabajo despierta nuestra capacidad de ser espectadores todavía vivos, capaces de maravillarnos, de ejercer nuestro juicio, de indignarnos? El juego insolente del teatro contra la seriedad mórbida de la mascarada social.

Rodrigo García avanza sobre el campo minado del mundo, lo imita, lo pone a prueba, en tela de juego, lo exaspera hasta derrumbarlo sobre el del teatro. De tal salpicar peligroso surge un arte frágil e inquieto, de reflexión y de combate. Rechazando la política del avestruz, nos invita a no perder la esperanza en los encantos de la representación. Como Swift y Brecht, llama sus espectáculos, videos e instalaciones, “propuestas”. A nosotros nos toca recibirlas y usarlas.

 
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